SEGURIDAD Y FRONTERAS
Palabras de Leslie Bassett, Ministra Consejera, Representación
Diplomática de los Estados Unidos en México,
durante la Conferencia de Seguridad Fronteriza
UTEP - Panel sobre el Contrabando Fronterizo
11 de agosto de 2008
Buenas tardes. Le agradezco al Congresista Reyes, Presidente
del Comité Permanente de Inteligencia de la Cámara
de Representantes de los Estados Unidos, por invitarme a
participar aquí el día de hoy, y a la Doctora
Diana Natalicio, Presidenta de la Universidad de Texas en
El Paso, por organizar esta importante conferencia cada
año. La seguridad fronteriza es un componente cada
vez más importante de nuestra estrategia de seguridad
nacional, y un tema clave en nuestro amplio diálogo
con el gobierno de México. Esta conferencia siempre
es un foro muy útil para explorar en dónde
estamos, en dónde esperamos estar y cómo llegaremos
ahí. Así que gracias de parte de la representación
diplomática de los Estados Unidos en México
por el esfuerzo de organizar esto, lo apreciamos.
Me honra estar en un panel con tantos distinguidos líderes
de la comunidad de procuración de justicia federal
de los Estados Unidos. Me da la oportunidad de agradecerles
públicamente por los excelentes colegas que han enviado
a nuestra Embajada en México y a nuestros consulados
también. He tenido el privilegio de contarle a muchas
delegaciones de congresistas y a dignatarios que nos visitan
que tenemos al mejor equipo de procuración de justicia
en nuestra representación diplomática. Todos
los días trabajan de manera cercana entre sí
y con sus contrapartes mexicanos, con resultados sobresalientes.
Cuando busco motivos para mantenerme optimista sobre los
retos que enfrentamos, el equipo de procuración de
justicia que trabaja en la representación siempre
está entre los primeros de mi lista.
Nuestro panel se aboca al contrabando fronterizo, pero
quisiera comenzar por recordar cuan importante es el comercio
fronterizo legal tanto para los Estados Unidos como para
México. Hay un panel al final de la conferencia sobre
asuntos comerciales, pero pienso que el comercio debe de
ser discutido en paralelo con la seguridad. También,
como tenemos la buena suerte de estar en El Paso, frente
a uno de los principales centros manufactureros de América
del Norte, Ciudad Juárez, pienso que es importante
destacar el valor del comercio y el tránsito fronterizo
para la salud y vitalidad de nuestras comunidades en la
frontera y la prosperidad de nuestras dos naciones.
Haciendo un breve resumen, México es nuestro tercer
socio comercial. Empresas de los Estados Unidos y México
hicieron negocios por más de mil millones de dólares
cada día en 2007 – y un gran porcentaje de
ese comercio cruzó la frontera en camiones, ferrocarriles,
vehículos pequeños, aviones o utilizando servicios
transfronterizos. Y a lo largo de los últimos 10
años, 90 por ciento de los turistas que visitaron
México provenían de los Estados Unidos, muchos
de ellos cruzando la frontera todos los días. Además,
13 millones de mexicanos al año visitan legalmente
los Estados Unidos, contribuyendo a los más de un
millón de empleos que componen el sector turismo.
México es nuestro principal mercado para productos
como res, lácteos, cerdos, arroz, pavo, manzanas,
leche de soya, sorgo y frijoles secos. México también
es nuestro segundo mercado más grande para maíz,
puerco, pollo, frijol de soya, trigo y peras. En términos
prácticos, esto se traduce en largas líneas
de camiones, contenedores refrigerados y otros vehículos
que llevan los productos hacia uno y otro lado de la frontera.
Los 38 puertos de entrada entre los Estados Unidos y México
son arterias vitales para nuestras dos naciones a través
de las cuales fluyen personas y productos esenciales que
ambos necesitamos para prosperar. Desafortunadamente, en
la frontera también hay arterias que son usadas para
el comercio ilícito y son vitales para la supervivencia
de redes del crimen organizado que buscan contrabandear
armas, personas, dinero, drogas y demás entre nuestras
naciones. Organizaciones rivales compiten por el dominio
de lo que ellos llaman plazas, bases geográficas
a partir de las cuales pueden operar. Esta competencia los
lleva a corromper a oficiales locales, matar a competidores,
asesinar a aquellos que los enfrentan a la justicia, y sembrar
terror entre las autoridades civiles y los ciudadanos comunes.
El Presidente Calderón y su equipo de seguridad nacional
han realizado ataques sin precedente contra los principales
cárteles y sus operaciones. Como respuesta, los cárteles
han contraatacado a las fuerzas federales de una manera
brutal y descorazonada. Es difícil encontrar buenas
noticias mientras las cifras de muertos aumentan, pero el
incremento de violencia significa que la presión
del gobierno está afectando a los cárteles
y sus operaciones.
Pero México, a pesar de sus históricos esfuerzos
antinarcóticos, reformas a la policía y reformas
judiciales, no puede garantizar el éxito por sí
solo. Tampoco nosotros. Reconocer esto – que sólo
podemos tener éxito trabajando juntos – es
la esencia de la Iniciativa Mérida, aprobada por
el Congreso y promulgada por el Presidente Bush el 30 de
junio de este año. Con frecuencia, y de manera incorrecta,
se ve a la Iniciativa Mérida como un programa de
asistencia de los Estrados Unidos a la región. Pero
si observamos el papel de los cárteles organizados
en los Estados Unidos comprendemos que somos un socio más
en el esfuerzo regional de colaboración y cooperación.
Porque, como líderes de los gobiernos de la región
nos recuerdan con frecuencia, la demanda de drogas de los
Estados Unidos alimenta el comercio de narcóticos
ilegales. Si bien hemos logrado grandes avances en la reducción
de la demanda de drogas, aún falta hacer más.
Como John Walters, el Director de la Oficina de Política
Nacional para el Control de las Drogas, dijo en julio de
2008: “También comprendemos que responsabilidad
compartida significa que nosotros tenemos la responsabilidad
de reducir la demanda, el consumo y los dólares que
ese consumo le aporta al narcotráfico”.
El hecho es que las rutas más deseadas por los traficantes
a través de Centroamérica y México
llegan directo al mercado mundial más grande de drogas
ilícitas. Más del 90 por ciento de la cocaína
en los Estados Unidos pasa por México, al igual que
el 80 por ciento de las metamfetaminas y un porcentaje significativo
de la marihuana. De las 41 organizaciones más buscadas
por la justicia de los Estados Unidos, más de un
tercio son organizaciones mexicanas. Además, cada
año, miles de millones de dólares en efectivo
son contrabandeados desde los Estados Unidos hacia el sur
para fomentar la producción. Y por supuesto, los
cárteles luchan por el territorio, asesinan a oficiales
de procuración de justicia y protegen sus valiosos
cargamentos utilizando armas de alto calibre, muchas de
las cuales se compran en los Estados Unidos.
Como he mencionado, la Iniciativa Mérida refleja
la realidad que ninguno de los socios –México,
los Estados Unidos, Centroamérica o el Caribe –
puede bloquear por sí solo las redes del crimen organizado.
Cada socio reconoce las amenazas que significan estas redes
y se apresura en sus esfuerzos por enfrentarlas. En el caso
de México, en 2007 el gobierno gastó 2 mil
500 millones de dólares en seguridad y procuración
de justicia enfocada al crimen organizado y esfuerzos antinarcóticos,
un aumento de 24% con respecto al año anterior. México
ha extraditado a más criminales a los Estados Unidos
que nunca antes, y ha deportado a muchos más. Aún
antes de la Iniciativa Mérida, el gobierno mexicano
decomisó cantidades récord de cocaína,
precursores de metamfetaminas y dinero en efectivo.
Nuestro apoyo bajo la Iniciativa crea capacidad, provee
equipo y facilita la interoperabilidad para que podamos
trabajar de manera rápida y ligera, tanto por separado
como juntos, para detectar, detener y proceder legalmente
contra los miembros de estos cárteles criminales.
La primera fase de la Iniciativa Mérida consta de
tres pilares. El primero, formado por antinarcóticos,
antiterrorismo y seguridad fronteriza, incluye aspectos
de interés directo para esta conferencia. Por ejemplo,
habrá equipo y entrenamiento para mejorar las capacidades
de interdicción, inspección y análisis,
algunas de las cuales serán aplicadas en nuestra
frontera común. Mejores redes de comunicación
e intercambio de información también contribuirán
a la mejor coordinación de operaciones de seguridad
fronteriza. Del mismo modo, una parte de los fondos servirá
para ayudar a México a asegurar su permeable frontera
con Guatemala, ayudando a detener el contrabando antes de
que se acerque a El Paso.
El segundo pilar mejorará la seguridad pública
y la procuración de justicia al asignar recursos
para la modernización de la policía y la reducción
de la demanda. Finalmente, el tercer pilar se aboca a la
necesidad crítica de desarrollar las instituciones
de ley y orden. Bajo este pilar apoyaremos la decisión
monumental de modernizar su sistema de justicia criminal,
lo cual asegurará la protección de derechos
humanos y aumentará el seguimiento de los recursos.
Cada dólar que se gaste en mejorar la capacidad y
la cooperación con nuestros vecinos al sur contribuye
a mejorar la seguridad en la frontera y es una sabia inversión
en nuestra propia seguridad y en la de la región.
Inicialmente la Iniciativa Mérida se concibió
como un programa de tres partes y mil 400 millones de dólares
con México y Centroamérica, y ahora, por iniciativa
del Congreso, también con Haití y la República
Dominicana. Durante los dos próximos años
fiscales, con la aprobación del Congreso, esperamos
construir sobre los mencionados pilares. Los que trabajamos
en la representación diplomática de los Estados
Unidos en México ya estamos estableciendo el terreno
logístico para utilizar los recursos sabiamente,
de modo que abordemos las necesidades urgentes de nuestros
colegas mexicanos.
El compromiso continuo de México ante la creciente
violencia y la mayor capacidad de los Estados Unidos de
asociarse en áreas de interés clave --como
intercambiar inteligencia, ampliar las bases de datos y
el intercambio de información, mejorar la cooperación
contra el lavado de dinero, y frenar el flujo de armas--
le dan nuevos ímpetus a los esfuerzos cooperativos
de la Iniciativa Mérida contra las redes de crimen
organizado que no reconocen fronteras ni respetan leyes.
La Iniciativa Mérida y el cada vez más urgente
combate a los narcotraficantes representan la faceta más
visible de nuestros esfuerzos conjuntos por luchar contra
el contrabando, pero como mencioné antes, este fenómeno
no se limita a las drogas. El contrabando también
incluye el tráfico de mercancía legítima
sin pagar aranceles, o el tráfico de artículos
apócrifos o de piratería. Estas formas de
contrabando, tanto como los narcóticos, representan
amenazas directas a la seguridad pública, al estado
de derecho, y a los sistemas de comercio abiertos que sustentan
nuestra prosperidad mutua. Productos farmacéuticos,
leche para neonatos o piezas para auto apócrifas
pueden causar heridas o la muerte. El contrabando le quita
recursos al gobierno y crea oportunidades para la corrupción
de oficiales fronterizos. La piratería destruye los
incentivos económicos para las industrias basadas
en la creatividad. Y las empresas y trabajadores que se
ven forzados a competir con importaciones ilegales probablemente
se opondrán a la apertura de mercados, de la misma
manera que los legisladores desanimados por la flagrante
evasión de los aranceles que ellos han establecido.
Estamos luchando contra estas formas de contrabando en
dos frentes. El primero es la mayor cooperación entre
nuestras agencias de procuración de justicia. El
año pasado, el Departamento de Seguridad Nacional
y la Administración de Aduanas de México firmaron
el Plan Bilateral Estratégico para mejorar su desempeño,
y cooperar en la protección de nuestra frontera mutua
y en la aplicación de nuestras respectivas leyes
de comercio. Y bajo la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad
de América del Norte (ASPAN), funcionarios de México,
Canadá y los Estados Unidos están trabajando
juntos para proteger a la región de todo tipo de
crímenes transnacionales, incluyendo el contrabando,
el tráfico de drogas y de personas, y la piratería
y la falsificación. Estamos progresando tanto de
modo bilateral con el Plan Estratégico como de modo
trilateral con ASPAN.
El segundo frente son las políticas de comercio.
Los Estados Unidos y México son reconocidos, de manera
justificable, como líderes globales en la liberalización
de los flujos de comercio internacional. Al eliminar los
aranceles en productos legales, ya sea de manera unilateral
con el TLCAN o a través de otros tratados de libre
comercio, o al impulsar una conclusión exitosa a
la ronda de Doha en las negociaciones de la Organización
Mundial de Comercio, hacemos más pequeño el
universo del contrabando, permitiendo a los funcionarios
de aduanas concentrarse en cargamentos que genuinamente
amenazan la seguridad nacional o pública.
En conclusión, ambos países necesitan continuar
trabajando juntos para mantener la frontera abierta a bienes
y servicios legítimos, así como a viajeros,
amigos y vecinos. También tenemos que mantener la
frontera cerrada a los terroristas, criminales y contrabandistas
internacionales, así como al comercio de drogas ilícitas
y al contrabando que dañan tanto a México
como a los Estados Unidos. Idealmente, la alianza entre
ambos países crearía y haría cumplir
medidas de control fronterizo que permitan a viajeros legales
y al comercio lícito pasar de manera rápida
y eficiente y, al mismo tiempo, que detenga a indocumentados,
armas, drogas, efectivo, piratería y otras formas
de contrabando. Creo que la Iniciativa Mérida y nuestros
otros esfuerzos de cooperación han ayudado a que
ambos países definan una meta común y acepten
sus respectivas responsabilidades. México está
confrontando internamente la corrupción y las organizaciones
criminales dedicadas al narcotráfico y a otras formas
de contrabando, ya ha obtenido resultados dramáticos
hasta ahora. Los Estados Unidos están poniendo más
atención a la reducción de la demanda de drogas,
al mejoramiento de nuestras capacidades, al flujo de dinero
lavado y al contrabando de armas. El Congreso, gracias en
gran parte al liderazgo del Congresista Reyes en este tema,
reconoció esta oportunidad histórica y asignó
los valiosos y necesarios recursos para que los Estados
Unidos puedan facilitar equipo y capacitación para
ayudar a México a mejorar las medidas de seguridad,
incluyendo aquellas en la frontera, de una manera que coincida
con nuestras propias prácticas y procesos.
Así como el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte redefinió radicalmente nuestra alianza
con México y Canadá en materia de comercio,
la Iniciativa Mérida marca un replanteamiento importante
en la cooperación en materia de seguridad y procuración
de justicia, lo que vemos reflejado no sólo en la
lucha contra las drogas sino contra todas las formas de
comercio ilegal. Hablando a título personal, es un
excepcional privilegio participar en un paso histórico
de nuestra relación bilateral, un paso que beneficiará
directamente la procuración de justicia nacional,
la continua vitalidad económica y los intereses y
comunidades de ambos lados de la frontera.
De nuevo les agradezco esta oportunidad.
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